martes, 24 de junio de 2008

Serenata de madrugada

Hace aproximadamente 14 años, en un taller mecánico, aparecía ella. El dueño del taller, sabiendo más de autos y religiones que de perros, dijo que era “manto negro” y la bautizó Shiva. Una semana después Shiva se unía a mi familia siendo un eslabón irremplazable en las tareas del campo. Mi vieja, sabiendo más de perros que el dueño del taller, dijo que era muy inteligente, pero no “manto negro”.
La realidad de Gandhi es diferente, él tiene fecha de nacimiento en un papel y un tatuaje en la oreja que nunca lo hicieron del todo feliz. La primera vez que lo vi (hace 10 años) estaba compartiendo con Zenta una jaula en el patio trasero de la casa de un matrimonio en desacuerdo. El esposo, comportándose como tal, decidía seguir la voluntad de su esposa y venderlos. Zenta y Gandhi apoyados en la puerta de alambre sobre sus dos patas traseras, como un par de Don King’s, no dejaron de lamerme cuando me acerqué. Había ido a comprar sólo uno, pero los lengüetazos me compraron a mí y me fui con los dos.
Hoy sólo están Shiva y Gandhi. Shiva fue mamá en tres oportunidades de múltiples cachorros. Gandhi fue papá muchas veces, entre ellas las dos últimas maternidades de Shiva. A pesar de sus largos y bien vividos años, Shiva todavía sigue recibiendo el llamado de la naturaleza, aunque sin resultados, y Gandhi sigue respondiendo.
Lo que pasa generalmente es que la hembra cuando se cansa del cargoso macho se acuesta, con la hembra acostada al macho se le queman los papeles y llora.
En este caso el ritual tiene lugar en la puerta de mi habitación a las 3 de la mañana, no me molesta, pero es ella la que llora.



(él dice que para el día del amigo siempre sube la foto de un perro)

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