jueves, 26 de junio de 2008

Mi gurú

Pepe pasa como mínimo dos veces por semana por mi trabajo, él es lo más cercano que tengo a un gurú, si hablara poco seria definitivamente un gurú, pero le encanta hablar, podría estar horas, siempre tiene alguna historia para contarme y un consejo para darme. Él y yo sabemos de qué están hechos los consejos, pero me los da igual, como dice; nunca están de más, mi abuelo era un sabio, yo siempre lo escuchaba y sólo con el tiempo supe que tenía razón. Pepe tiene más o menos 70 años, es la edad que tendría mi viejo en este momento, tal vez por eso lo escucho, es decir, más por quimérica evocación que por interés. Solamente conozco de él tres estados; alegre, cansado e indignado. Es bastante predecible, cuando está alegre me habla de lo bien que le va en sus asuntos y me cuenta alguna anécdota graciosa, cuando está cansado indaga sobre mi vida y si puede acota algo y cuando está indignado suele levantar la voz para contarme de qué manera este país se va al carajo (aunque este estado es raro en él).
Tiene todo tipo de prejuicios; comunes, como que todos los policías son malandras por naturaleza y otros curiosos como de que los ingenieros son bobos (para estos tiene una pequeña imitación). En el imaginario colectivo el bigote es sinónimo de seguridad e incluso virilidad, para Pepe no, según él los que llevan bigote necesitan sentirse seguros y si los apurás se van al mazo.
Yo siempre había querido dejarme la barba.

No hay comentarios.: